VITAMINA C: ¿EL NUEVO CITOSTÁTICO?

Hace más de 50 años, el químico Linus Pauling estudió el ácido ascórbico y afirmó que altas dosis de la vitamina podrían actuar profilácticamente contra el cáncer, aunque nunca pudo ofrecer ninguna prueba al respecto. Ahora hay evidencias que confirman la hipótesis de Pauling.

Durante su vida, el químico Linus Pauling (1901-1994) se hizo merecedor de admiración y críticas en dosis similares. En 1954 recibió el Premio Nobel de Química por su modelo de los enlaces químicos. Siguió el Premio Nobel de la Paz en 1963, que obtuvo por su compromiso contra las pruebas de armas nucleares. Pauling consideraba que la vitamina C era una cura milagrosa contra diversas dolencias, desde el cáncer hasta los resfriados. Durante años tomó 18 gramos al día, una dosis 300 veces más elevada que la recomendada. Sin embargo, Pauling murió de un carcinoma de próstata. Durante mucho tiempo sus publicaciones sobre el tema se consideraron obsoletas. Pero ahora dos nuevos estudios muestran que el investigador tal vez tenía razón.
Ácido ascórbico: los ratones son autosuficientes
Michalis Agathocleous y Sean Morrison, del Centro Médico de la Universidad de Texas, han demostrado ahora el efecto del ácido ascórbico sobre las células madre. En el curso de la evolución, los seres humanos han perdido la capacidad de producir ácido ascórbico por biosíntesis. En cambio, los ratones producen vitamina C de forma autosuficiente a partir del ácido gulónico, un intermediario de reacción. Los últimos pasos tienen lugar bajo la catálisis de la enzima L-gulonolactona oxidasa:

El ácido L-gulónico (1) se transforma, mediante la influencia catalítica de la gluconolactonasa (A), en L-gulonolactona (2). La L-gulonolactona oxidasa (B) cataliza la oxidación selectiva de la L-gulonolactona en 2-ceto-L-gulonolactona (3a), que a continuación se transforma en ácido ascórbico(3b). © Yikrazuul / Wikipedia
Hasta ahora se sabía que las células madre absorben grandes cantidades de ácido ascórbico. Para determinar si la molécula es importante para su funcionamiento, Agathocleous y Morrison trabajaron con roedores transgénicos que carecían de la L-gulonolactona oxidasa. Así generaron un defecto que se aprecia en alrededor del 5% de los seres humanos. Esperaban observar limitaciones en la actividad de las células madre, pero ocurrió justo lo contrario: su proliferación aumentó.
Un supresor llamado TET2
“Las células madre utilizan ascorbato para regular la frecuencia de las modificaciones químicas del ADN que forman parte del epigenoma”, explica Agathocleous. “Si las células madre no obtienen suficiente vitamina C, el epigenoma puede resultar perjudicado, de modo que se incrementa el riesgo de leucemia.”
Una cantidad demasiado escasa de ascorbato inhibe el supresor tumoral TET2 (TET metilcitosina dioxigenasa 2). A su vez, TET2 controla la actividad de los genes a través de mecanismos epigenéticos, de modo que influye sobre la necesaria destrucción de las células madre.
Este hallazgo reviste de particular relevancia para los ancianos: a medida que aumenta la edad, las mutaciones adquiridas aparecen cada vez con mayor frecuencia, y se observan en una de cada diez personas mayores de 65 años. Morrison: “Una de las mutaciones más comunes en los pacientes con hematopoyesis clonal es la pérdida funcional de una copia de TET2. Nuestros resultados sugieren que los afectados deberían recibir el 100% de su dosis diaria de vitamina C.” Esto ayudaría a maximizar la actividad del supresor tumoral restante, lo que a su vez serviría de protección contra el cáncer.
La investigación sigue su curso: Luisa Cimmino, del Centro de Cáncer Laura & Isaac Perlmutter, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, produjo ratones transgénicos especiales. Cimmino era capaz de activar o desactivar el gen TET2 en los roedores.
Sin TET2 activo, realmente se desarrollaron leucemias. Sin embargo, cuando Cimmino administró cantidades exorbitantemente altas de vitamina C, los ratones se mantuvieron sanos. El ascorbato activa genes que previenen la proliferación indeseada de células madre. Según Cimmino, a través de esta vía la vitamina C podría tener un efecto protector. Debido a la resorción limitada, la científica trabajó con infusiones, lo que limitó enormemente su método.
Si los investigadores añadían también inhibidores de PARP, podían incrementar significativamente el efecto de la vitamina C. Los inhibidores de PARP inhiben la enzima poli ADP ribosa polimerasa (PARP). Se producen roturas de doble hebra en el ADN y las células mueren. Hasta la fecha, sólo se ha homologado al olaparib como representante de esta clase de sustancias activas en carcinomas de mama BRCA1/2 positivos. Nuevas publicaciones sugieren que estas moléculas también podrían ser importantes en caso de mutaciones de otros genes relevantes para la reparación del ADN.
El asunto con los efectos secundarios
Los estudios de Agathocleous y Morrison y de Cimmino exponen mecanismos esencialmente nuevos. Por supuesto, aún está por verse si todos los resultados del modelo animal se pueden transferir a seres humanos. Por otro lado, aunque los pacientes con cáncer suelen aceptar los efectos secundarios debido a la gravedad de su enfermedad, resulta muy cuestionable exponer a personas sanas a riesgos innecesarios, siendo el problema principal la bien estudiada asociación entre el ácido ascórbico y los cálculos renales.